23 febrero 2007
Quienes formamos parte del mundo de la canasta estamos orgullosos de nuestra Copa. No sólo porque cada año sea una fiesta que reivindica el baloncesto, sino porque observamos cómo los demás la contemplan con envidia. Deportes con más seguidores y organizaciones más poderosas que las nuestras, como el fútbol y la NBA, alaban el formato ACB. Incluso voces autorizadas de su entorno reclaman una competición similar en su ámbito.
Lo mejor que podemos decir de la reciente edición es que sigue mejorando las expectativas. En unas fechas en que las noticias deportivas han venido cargadas de incidentes violentos, las aficiones de los ocho participantes han dado una muestra más de una educación ejemplar y necesaria en los tiempos que corren, rivalizando sólo en colorido y bullicio para convertir el deporte en lo que nunca debe dejar de ser: una fiesta.
El contenido deportivo ha respondido a lo que se esperaba: partidos intensos, duros en ocasiones e imprevisibles. Marcadores apretados, incluso con prórroga, y emoción hasta el último pitido. Sólo faltó un poco más de igualdad en la final para que el guión fuera perfecto. A pesar de ello, las audiencias de televisión, y no sólo las del siempre rentable Barça-Madrid, han aumentado significativamente las de la edición anterior, lo cual constituye una excelente noticia. Tampoco nadie se ha quejado de los árbitros, que con éso, y con pasar casi desapercibidos, como reza el tópico, cumplen con más que notable. Y también la organización, ya experta en estas lides, otra vez sobresaliente.
Para que no faltara de nada, la Copa también ha traído sus sorpresas. Empezando por la relativa del campeón, el Winterthur Barcelona que, por una vez, no contaba entre los máximos favoritos, pero que ha ganado con merecimiento y solvencia; casi, con facilidad. Un bloque en el que los habituales han cumplido un excelente torneo, al que Grimau en la final y Trías, MVP, han hecho una aportación extraordinaria. No ha sido fácil el camino para Jordi, revelador de los problemas que encuentran los talentos canteranos a los que se les niegan las oportunidades que se conceden a los foráneos. Hasta cuando era ya un jugador avalado por las estadísticas (si jugaba más de 25 minutos su equipo ganaba la mayoría de los partidos) al final quedaba relegado al banquillo para ser sustituido por jugadores de paso fugaz por nuestra Liga. Más mérito para el premiado: ¡enhorabuena!.
Y para rematar, una pequeña polémica acerca de si el día de descanso otorga demasiada ventaja. Aunque la razón pueda decirnos que sí, las estadísticas dicen que no, y los triunfos en los últimos años se reparten entre los que comenzaron el jueves y los que lo hicieron el viernes. Es cierto que el Madrid acusó el esfuerzo de dos duros partidos, pero también que el Barça es el legítimo campeón: fue el mejor. Aunque quizás convenga estudiar una ampliación del calendario. Al fin y al cabo, alargar una fiesta emocionante puede ser del gusto de todos.
*Publicado el 16 de febrero en “El Mundo Deportivo”
